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La falta de confianza y la necesidad de restitución son dos de las consecuencias más comunes tras una infidelidad. Aunque se dan a la vez, cada una funciona de forma distinta y afectará a la pareja de forma distinta.

La falta de confianza, cuando se produce, crea una sensación de inseguridad y de desamparo porque se ha caído uno de los pilares en los que se había construido la vida de la pareja. La sensación de alienación del otro, al compartir con otra persona algo que creía privativo de su relación, le sitúa en una posición de desigualdad emocional, ya que recibe reforzamiento de dos personas cuando la pareja sólo la está recibiendo de una.

La apertura de una sola parte de la relación produce un desequilibrio que necesariamente quiere compensar la parte agraviada. El problema se produce cuando esa persona se da cuenta de que por sí misma no puede reequilibrar la situación a menos que quien abrió la relación no ponga de su parte, y una condición necesaria es que rompa la relación que originó ese desequilibrio.

Ésta es una sana petición a priori no lo es tanto cuando en juego hay algo más que una aventura fuera de la pareja. Cuando el nuevo vínculo fue establecido sobre unas bases que siguen estando presentes en la actualidad se complica bastante el mosaico, ya que no es tan sencillo desmontar una relación laboral o social como una relación que se creó al margen de estos pilares vitales.

Quien ha apostado por seguir con su pareja cree que con esa decisión ya ha solucionado la mitad del problema, y que el resto simplemente es día a día ir construyendo, pero se equivoca en una parte. La sensación de agravio y la búsqueda de compensación, la reivindicación y el reconocimiento que espera la parte agraviada son piezas que no se pueden obviar para iniciar la reconstrucción.

Es distinto cómo se afronta el replanteamiento de la pareja tras una infidelidad dependiendo del lado en el que se esté… pero si se ha optado por continuar la relación en pareja conviene tener claro que sólo hay dos partes, la de la persona que ha iniciado y mantenido una relación paralela y la de la persona a la que esta relación le ha sobrevenido. No hay más partes.

Conviene aclarar este punto ya que desde el lado del infiel puede producirse la fantasía de que es posible articular las dos relaciones paralelas cambiando la naturaleza de la iniciada en segundo lugar. Algo así como no cortar el contacto de amistad sin ninguna otra finalidad que seguir manteniendo a alguien importante en su vida. Una relación satisfactoria y para nada relacionada con la pareja que está intentando salvar… ese es su lado de la cama.

Desde el lado de quien se ha visto apeado de su tranquilidad de pareja, la relación paralela tiene mucho más importancia que para quien la vivió, y es más trascendente. Implica que no se puede pasar página porque esa persona se mantiene en contacto con su pareja, no forma parte del pasado de su pareja sino de su presente… y eso hace que el presente siga doliendo.

Definitivamente no ayuda a retomar la confianza en la pareja que siga dando señales de vida quien la puso en peligro. Pero además hay un aspecto que no se debe obviar. El desagravio y la sensación de que merece una restitución. La idea de haber sufrido una injusticia conlleva la necesidad de resarcimiento, y eso pasa no tanto por que el otro abandone la relación paralela como por que queme sus naves, por que se identifique con sus sentimientos y en consecuencia, por que la reconozca como pareja y como proyecto claro de futuro, de único futuro. Una especie de vuelta al núcleo de la pareja sin distracciones para ninguno de los dos.

La falta de confianza puede paliarse con un reencuentro y un proyecto revitalizado de futuro, con un volver a creer en la relación, pero mientras no haya un corte abrupto en la relación finalizada no se puede empezar a construir. La herida no se deja secar y el reproche llama a la culpa que se entiende como lástima, y la lástima poco tiene que ver con el amor. Colocar a cada persona en su sitio es una buena forma de finalizar algo para empezar a construir algo nuevo, algo reforzante para todos los miembros de la pareja, que sólo son dos.

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