Hace unos días tuve el placer de colaborar en un espacio muy especial acompañado de unas invitadas de lujo. Durante nuestro encuentro, surgió una conversación profundamente necesaria a raíz de unas declaraciones de la actriz Ester Expósito en El Hormiguero. Ester reflexionaba sobre cómo, tras haber pasado por relaciones «turbulentas», había descubierto que el amor verdadero también se construye —y de forma mucho más sólida— desde la paz y la calma.
A raíz de esta reflexión, quiero compartir con vosotros algunas de las claves que abordamos y que veo cada día en mi consulta como psicólogo y sexólogo.
Confundir el amor con un ataque de ansiedad
En nuestra sociedad existe un mito muy arraigado: nos han vendido la idea de que el amor auténtico debe ser intenso, dramático y mantenernos con «el alma en vilo». Pero debemos empezar a llamar a las cosas por su nombre: muchas veces, lo que llamamos «pasión arrebatadora» o «mariposas en el estómago» es en realidad una respuesta de alerta de nuestro sistema nervioso.
Sentir náuseas, taquicardia o estar en vigilancia continua hacia la otra persona no es necesariamente síntoma de una conexión profunda; en esencia, es un estado muy similar a un ataque de ansiedad.
Para entenderlo de forma sencilla, suelo recurrir a una metáfora eléctrica:
«La chispa solo se produce cuando no hay conexión y, de repente, salta algo. Pero cuando el circuito está verdaderamente conectado, lo que fluye es la corriente continua. La corriente no da chispas porque no hay interrupción. Pensar que el amor exige estar a la que salta es confundir la tensión con la conexión.»
El peligro de echar de menos los altibajos
Si has pasado por relaciones tóxicas o marcadas por la incertidumbre, tu cerebro se ha podido acostumbrar a esa montaña rusa de dopamina y cortisol. Por eso, al iniciar una pareja estable, predecible y tranquila, pueden ocurrir dos cosas:
- Interpretar la calma como aburrimiento: Como no hay drama ni miedo a perder a la otra persona, la mente interpreta erróneamente que la pasión se ha apagado.
- Crear conflictos innecesarios: A veces, las expectativas Inconscientes de que «algo malo va a pasar» hacen que busquemos la discusión para revivir la intensidad a la que estábamos acostumbrados, convirtiéndonos nosotros mismos en el foco de la dinámica destructiva.
Que una relación sea serena no significa que sea plana ni que el deseo sexual o la pasión desaparezcan. Significa, simplemente, que no necesitamos la incertidumbre ni el sufrimiento para validar lo que sentimos.
¿Se puede aprender a tener relaciones más sanas?
La respuesta es un rotundo sí. Haber vivido relaciones turbulentas en el pasado —o haber crecido viendo modelos de pareja donde el amor se entendía como sufrimiento— no nos condena a repetir el mismo patrón para siempre.
Para cambiar la dinámica y construir un vínculo afectivo sano, sugiero trabajar en tres pilares fundamentales:
Tomar conciencia: Identificar cuándo estamos buscando la adrenalina de la incertidumbre en lugar de valorar la estabilidad.
Asumir nuestra responsabilidad: Mirar atrás no para culparnos, sino para entender qué papel jugamos en nuestras relaciones pasadas y qué patrones debemos desaprender.
Comprometernos con el cambio: Decidir activamente qué tipo de relación queremos construir en el presente y poner límites sanos antes de que se consoliden dinámicas dañinas.
El amor sano no te quita el sueño ni te mantiene en un estado constante de alerta. El amor sano te ofrece un refugio seguro desde el que explorar el mundo, con la tranquilidad de saber que donde hay corriente y conexión, no hacen falta chispazos para sentir la intensidad.
Si sientes que te cuesta adaptarte a relaciones tranquilas o identificas que repites patrones de incertidumbre en tu vida sentimental, puedes solicitar una cita y trabajar juntos en terapia de pareja o individual.
Articulo completo: Qué aprendemos de la forma de entender el amor de Ester Expósito: por qué la calma no significa falta de pasión
Autor: Alicia Cruz Acal

