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La chispa del deseo

Deseo

El devenir natural de las relaciones sentimentales suele encaminar a una vida en común, próxima, familiar, solapada. Esto tiene muchas cosas buenas, desde económica hasta logísticamente. La vida en pareja es algo muy edificante y precioso, y cuando existe armonía y ambos miembros reman en la misma dirección se produce la magia y se multiplica lo bueno mientras disminuye lo malo.


En consulta suelo encontrar parejas que han llegado a fundirse y a estar tan a gusto que es difícil saber cuándo está hablando uno u otro miembro. Es una simbiosis muy peculiar.

Estas parejas suelen acudir a consulta por falta de deseo, porque ha desaparecido la chispa que había entre ellos.

La chispa.

Esa forma de hablar del deseo siempre me ha parecido muy reveladora, porque una chispa se produce cuando hay una diferencia de potencial, cuando se acercan dos cargas y se produce una liberación de energía. Así como cuando los polos se encuentran unidos no se puede producir una diferencia de potencial, cuando los miembros de la pareja están permanentemente unidos, tampoco se puede producir el deseo.

Naturalizar el olor de la otra persona y dejar de percibirlo, obviar sus reacciones y lo que podemos o no hacer, poder predecir desde la cotidianidad lo que nos va a suceder, hace que no deseemos, porque ya tenemos.

No se puede desear lo que ya se tiene, de ahí que cuando se separan temporalmente, al reencontrarse puede haber una subida del deseo, que al poco decae, porque ya hemos vuelto a casa y somos familia.

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