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El psicólogo y experto en crecimiento personal Raúl Padilla colabora en Cosmopólitan en el artículo “Así debes ayudar a una amiga con depresión” de ALEJANDRO TOVAR, y nos enseña a cómo tratar a un depresivo.

El psicólogo y experto en crecimiento personal Raúl Padilla y ALEJANDRO TOVAR te proponen las claves para convertirnos en una auténtica tabla de salvación en el artículo Así debes ayudar a una amiga con depresión   (Autor: ALEJANDRO TOVAR).

No es lo mismo estar triste que pasar por un proceso depresivo. Aunque la tristeza puede ser uno de los signos, la depresión es sólo una sus facetas. La tristeza es una emoción tan necesaria como la alegría y nos sirve para aprender de las situaciones vitales que con las que nos vamos encontrando. Una pérdida, una situación dolorosa, o cualquier evento negativo puede llevarnos a la tristeza y cuando nos preguntamos sobre nuestro estado anímico nos viene inmediatamente a la cabeza su origen bien delimitado… esto no pasa en el caso de la depresión. El estado depresivo para ser diagnosticado como tal debe persistir durante al menos dos semanas y rara vez encontramos su origen simplemente con preguntar.

Además de la tristeza, nos pueden dar las claves de que alguien pasa por una depresión una bajada brusca de peso, asociada con una pérdida del apetito por la comida al igual que la pérdida de apetito en otras facetas de su vida, la abulia, pérdida de placer al hacer las cosas que antes nos gustaban, o la resignación marcada nos pueden dar la pista. La ganancia de peso viene no por un aumento del apetito, sino por un aumento de la ansiedad que sólo encuentra la vía para ser mitigada en atracones de comida sin disfrutarla, muy a menudo comida rápida, comida basura.

El tono vital de la persona suele verse afectado, generalmente hacia una ralentización, como si todo costara un mundo y al salir de la cama sólo se tuviera en mente cuándo se podrá volver a ella. A pesar de esto, hay personas que, con esfuerzo, fingen que no pasa absolutamente nada y siguen sonriendo, pero tienden al retraimiento social. Se busca el aislamiento y la soledad en un estado deprimido y sus emociones más poderosas son la vergüenza, la culpa y el miedo.

Es común que el deprimido tenga un discurso cargado de autoreproches y que constantemente esté pidiendo disculpas por lo más nimio, incluso por no estar todo lo alegre que debería, esto nos tendría que hacer sospechar que algo pasa. Se sienten especialmente culpables, inferiores, incompetentes; y suele devaluarse continuamente.

La falta de sueño y la falta de cuidado personal es algo que se evidencia cuando la depresión va avanzando; la falta de concentración, la bajada de rendimiento laboral, académico… el empobrecimiento en las relaciones y la pérdida de “color” nos darán las pistas de que, efectivamente, no estamos frente a una mala racha sino ante algo más serio.

Cómo tratar con un depresivo.

Primero de todo debemos valorar la cantidad de síntomas depresivos que padece para poder hacernos una idea del nivel de gravedad, así como de si realmente es depresión o puede ser resultado de algún acontecimiento vital como la pérdida de un ser querido o una mala racha laboral.

Debemos hablar directamente con ella sobre los síntomas que hemos observado e intenta que se abra y pueda comentar contigo sobre ellos sin sentirse juzgada, la actitud aquí es fundamental para que sepa que puede contar con nosotros.

La actitud que debemos tener es de respeto a sus tiempos y de incondicionalidad, lo fundamental es que nos deje entrar en su mazmorra fría para que podamos ayudarla a salir. Hay que recordar que la depresión le hace aislarse, nuestra meta es que no lo haga de nosotros, mantener la comunicación abierta.

Para facilitar la comunicación en momentos en los que queda interrumpida por un bloqueo es útil tener frases a las que echar mano y que nos vuelven a conectar. Frases del tipo “El río no puede seguir desbordado para siempre… las aguas volverán a su cauce”, o “Puede que no entienda como te sientes, pero tienes todo mi apoyo.” Frases en positivo que abran puertas.

Obviamente debemos evitar cuestionar sus sentimientos o minusvalorarlos, responsabilizarles de sus síntomas, o tratarles como si estuviera en su mano un cambio mágico. Ellos se están generando ya una cantidad suficiente de culpa y no necesitan que desde fuera se les genere aún más.

En cambio una reformulación en positivo de aspectos que les estén manteniendo su estado puede ser beneficioso. Por ejemplo, Eres muy fuerte por seguir haciendo lo que haces sabiendo cómo te sientes.

Debemos valorar cuál es su red natural de apoyo social y a ser posible conocerla y hablar con ellos acerca de lo que pasa con nuestro ser querido. Todos deberíamos colaborar en ayudarle, pero hay que tener cuidado, ya que hay personas que pueden no ser las más apropiadas para ello, ya sea por su desconocimiento total de la depresión o por sus prejuicios sobre la enfermedad mental; bien porque resultan tóxicos para nuestro amigo.

Nuestra misión es conseguir que pueda confiar en nosotros y que se abra emocionalmente para que pueda dejar entrar luz. Para ello resulta muy útil escuchar atentamente cuanto nos diga sin juzgar en ningún momento y reforzando su discurso diciéndole, por ejemplo, que le damos las gracias porque confíen en nosotros y nos cuenten algo tan doloroso. Es importante que aunque nos duela lo que nos está diciendo no mostremos una reacción emocional fuerte, porque podría cerrarse a la comunicación. Ser buen oyente es fundamental.

Mantén una relación de calidad más que de cantidad. Es preferible acompañarle diez minutos con dedicación plena que estar a su lado todo el día realizando otras actividades. Prepara tus encuentros y lleva contigo algo interesante para él… un libro, una película, un buen plan… enriquecer su entorno es prioritario. Debe saber que estamos ahí para él y que es lo más importante para nosotros en ese momento.

El contacto de calidad es fundamental y debería ser a menudo, aunque sea por teléfono, o indirectamente a través de la red de apoyo; realizar actividades agradables con él como salir a dar un paseo bajo el sol y a ser posible por un ambiente agradable en el que la naturaleza sea la protagonista ayuda mucho a regenerarse. El sol es un antidepresivo natural que, mezclado con el ejercicio físico y una buena compañía puede obrar milagros.

La abulia y la desesperanza pueden tener bloqueadas las armas naturales contra la depresión, y sería nuestra tarea ayudar a que la persona se ayude con estas armas. No podemos curar a la persona, pero podemos ayudarla a que inicie el movimiento acompañándola en diseñar un plan de acción y llevándolo a cabo. Un plan que incluya autocuidados como el deporte, o apoyo social programando visitas a amigos y familiares.

Una vez que hemos abierto esa vía de confianza es momento de hablar acerca de la depresión como trastorno médico que tiene cura, y que para ello debe pasar por una serie de tratamientos y especialistas. Ver que hay salida es un paso imprescindible para buscarla en el caso de la depresión.

Hablar sobre la medicación y su beneficio en el tratamiento de la depresión es fundamental, ya que suele ser un elemento que, para quien lo sufre, es una aceptación de la enfermedad y no ya sólo de una mala racha que puede sobrellevar por sí solo. Otra vez la actitud es fundamental, ya que la medicación para que pueda ayudar con todo su potencial necesita de ayuda psicológica. Realmente la farmacología aquí es una muleta emocional mientras se va tratando el problema a otro nivel.

La adherencia al tratamiento y la paciencia son fundamentales, todo lleva su tiempo. Tener un compañero de viaje que mantenga las ganas y anime y enfoque la luz al final de túnel es fundamental para mantener el timón hacia la recuperación, aunque haya recaídas parciales.

Cuando tenemos delimitado al enemigo y sabemos que con la ayuda de especialistas puede ser vencido, debemos ayudar a nuestro ser querido o incluso buscarle un profesional para iniciar el tratamiento. Si hemos dado este paso no estaría de más acompañarle a la primera cita y ver cómo ha sido su impresión, y si no ha sido buena ayudarle a encontrar otra fuente de ayuda clínica.

Como cuidadores debemos tener cuidado de no “quemarnos”, ya que estamos haciendo un sobreesfuerzo al lidiar con nuestra vida y con la de alguien que está en una situación muy demandante de nuestros recursos y a veces no es tan reforzante como debería. Cuando sentimos que hagamos lo que hagamos sólo recibimos cosas negativas y que no vale para nada, deberíamos achacar eso a la depresión y no a la persona deprimida, eso evitará que la ira se instale en nosotros y nos devore por dentro. Tener tiempo fuera y de calidad, realizar actividades gratificantes, deporte y sobre todo, reírnos a carcajadas, nos mantendrá sanos y preparados para brindar apoyo a quien lo está necesitando tanto.

 

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